Uno más dentro de unas semanas. Primero el gran Pepe Mujica y ahora una de mis mayores inspiraciones: ¡Sébastião Salgado! Sí, queridos lectores, de vez en cuando fallece alguien que parece llevarse consigo un pedazo del mundo. Tião, como le llamaba su gran amigo Cristiano Mascaro, era una de esas personas. Cuando me enteré de la noticia, me di cuenta de que una parte de mí -la que creía en la capacidad de la fotografía para influir en el mundo- apagaba las máquinas, recogía y tiraba los productos químicos, apagaba la luz roja y cerraba el laboratorio de revelado. Cuando empecé mi andadura en la fotografía en el año 2000, creía que el equipo era lo más importante. Me compré una cámara que pertenecía a mi padre y luego mi cuñado me regaló una Nikon F4 (y vaya regalo). Con estas dos cámaras me sentía como si fuera el propio fotógrafo de Magnum, ni siquiera asociado a la empresa. Jugaba a ser Sebastião Salgado o Josef Koudelka. Sin emba...
Aventuras e desventuras de um Paulista no Sul da Holanda