Versión española - Pepe Mujica: el hombre que gobernó con flores en los bolsillos [por Frederico Ileck]
José "Pepe" Mujica ha muerto, pero lo más importante no muere con él: su ejemplo. Pepe fue guerrillero, preso político durante más de una década (siete de ellos en completo aislamiento), senador, presidente y, sobre todo, un hombre libre. Cuando llegó al poder en Uruguay, no quiso lujos, coches ni palacios: siguió viviendo en su sencilla granja, conduciendo su pequeño escarabajo y cuidando sus flores con su compañera de vida, Lucía Topolansky. Como si dijera con cada gesto: "El mundo puede ser distinto si tenemos el coraje de vivir distinto".
Mujica no era un político tradicional: era un filósofo descalzo. Y por eso conmovió a tanta gente. Mientras los líderes de todo el mundo se perdían en discursos floridos o eslóganes vacíos, Pepe hablaba de amor, humildad y consumo responsable. Habló de las cosas conmovedoras, no de las convenientes.
En el Congreso de la ONU, uno de sus discursos más famosos fue una bofetada a la civilización moderna. Dijo que el problema del mundo no era ecológico, sino político y cultural. Que no podíamos seguir vendiendo nuestras almas para comprar lo superfluo. Y no lo decía como un radical, sino como alguien que había visto la muerte de cerca y había preferido las flores al odio.
Pepe representaba una América Latina que resiste sin perder la ternura. Un continente marcado por las heridas, pero donde aún florecen gestos como el suyo. Un presidente que donó el 90% de su sueldo y dijo que "quien vive con poco es más libre". Y es imposible no mencionar también a Uruguay, esa pequeña franja de tierra apretada entre gigantes. Tan pequeña que a veces nos olvidamos de mencionarla, pero tan intensa que vive en nuestras cabezas como un buen secreto. Un país que ha dado al mundo escritores como Mario Benedetti y Eduardo Galeano, músicos que sacuden revoluciones, cineastas que nos sacan de eje.
Incluso en el fútbol, un arte que desborda identidad, se atrevieron a ser campeones del mundo dos veces. Porque a veces la grandeza no depende del tamaño, sino del coraje con el que se vive, y Uruguay lo entiende. Uruguay NOMA!
La muerte de Mujica es, sin duda, una gran pérdida. Pero su vida - ah, su vida - es un legado que ninguna lápida puede enterrar. Su ejemplo permanece plantado en nosotros, como una semilla que no sabe morir. Porque Pepe era, y seguirá siendo, un tipo de música poco común: la que no se escucha sólo con los oídos, sino con todo el corazón.Que el mundo no olvide a Pepe Mujica. Que el mundo no olvide que es posible ser poder y seguir siendo personas.
¡Gracias Bo!
Gracias por todo Che 👍
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